La traducción como arte

En mis primeras etapas como traductor utilizaba principalmente diccionarios de papel y, si había suerte, alguna guía de estilo confusa y demasiado larga. En contadas ocasiones algún que otro glosario en formato electrónico, generalmente Word o Excel, muchas veces simplemente impreso. Las herramientas informáticas de ayuda a la traducción (denominadas CAT, TAO o TAC) brillaban por su ausencia. Los más “afortunados” teníamos acceso a ciertas herramientas electrónicas rudimentarias (las primeras versiones de Trados, IBM Translation Manager, Systran) y entre cafés y copas se comentaba que estas novedades, y en particular las memorias de traducción, podían poner en riesgo el trabajo y los ingresos del traductor.

Tal como se dieron las cosas, las empresas de traducción no fueron durante mucho tiempo conscientes de las posibilidades de estas herramientas. Al final el resultado fue que los traductores adelantados tecnológicamente producían e ingresaban más utilizándolas que prescindiendo de ellas, en particular en áreas técnicas, pero no exclusivamente. Esto sucedía con el conocimiento (o no) de los clientes o empresas para los que trabajaban. Paradojas de la vida.

Aunque la situación ha cambiado radicalmente, sigo encontrándome con traductores profesionales que opinan que casi cualquier herramienta de ayuda a la traducción excepto un diccionario electrónico afecta negativamente al proceso creativo de la traducción. Y no me refiero a la traducción de una novela o poesía (¿acaso no se puede utilizar la tecnología en este proceso?), sino a traducciones técnicas, legales o científicas. El arte, al parecer, está reñido con la tecnología y cuando ésta última aumenta, se reduce la creatividad y la calidad.

stone age painting
Stone age painting. Source: Pixabay

¿Realmente es así?

Si analizamos a grandes rasgos la evolución del arte veremos que los artistas han trabajado prácticamente siempre dentro de unos límites muy restringidos impuestos por los mecenas o dictadores de turno, que en algunos casos eran los reyes, en otros la iglesia u otros poderosos y adinerados. De ahí tanta imagen religiosa en la pintura, tanta música sacra, tanta escultura y retrato de personajes que no merecían tal dedicación. Y el resultado son las obras que hoy admiramos. Los artistas han ido aprovechando la tecnología de su época, muchas veces participando en el proceso creativo de nuevas tecnologías, por necesidad o codicia, llevados por el deseo de investigar. Tenían que ganarse la vida, cumplir plazos, trabajar bajo presión, a veces sin ganas… En fin, como los traductores, ¿no?

No hace falta remontarse a cientos de años atrás para ver ejemplos de cómo resolvían sus dilemas: la delegación de obras a otros artistas (pero luego los que firmaban eran ellos), el grabado como vía para convertir el arte en un negocio y crear obras con poco esfuerzo (Warhol, entre otros), la copia. Todo esto viene a cuenta de que incluso en el supuesto de que aceptáramos que la traducción es un arte, lo cual es discutible, ¿no tiene el traductor restricciones impuestas por las empresas de traducción para las que trabaja, o por su cliente directo? ¿no trabaja por dinero? ¿no tiene que entregar su obra dentro de un plazo? ¿no es un requisito ajustarse a los niveles de calidad requeridos por el trabajo?

Los clientes tienen que cumplir con presupuestos y plazos. Dada la cantidad de contenido potencialmente traducible que se está generando, unido a la demanda de precios más bajos y plazos de entrega cada vez más ajustados, aprovechar la tecnología y adecuar el nivel de calidad al contenido resulta esencial y es parte de nuestra responsabilidad. La traducción profesional debe ser capaz de responder a la demanda actual y ofrecer productos con distintos niveles de calidad y en plazos breves. Atrás está quedando el proyecto con fecha de inicio y fin y la oferta plana.  El correcto equilibrio entre productividad y libertad que la tecnología puede ofrecer lo debemos establecer nosotros. ¿Nos convierte esto en mercenarios? ¿Tendremos que buscar en otras profesiones esa salida a nuestra vertiente artística? ¿Cuáles son las batallas que debemos librar?

Afortunadamente, las nuevas generaciones tienen un enfoque distinto respecto a la tecnología. Desafortunadamente, parece que se están perdiendo muchas cosas en el camino. Entre las más importantes: el conocimiento, la capacidad crítica y la ética. Basta leer los artículos en lo que queda de prensa escrita actual (traducida o no). Tal vez ser artista consiste en lograr los mejores resultados con las herramientas disponibles, en el entorno en que nos toca vivir.